¿Cómo hacer que los hijos obedezcan?

Hoy más que nunca muchos padres se preguntan cómo hacer para que los hijos obedezcan, sean más responsables o simplemente hagan caso, aunque sólo sea en lo que respecta a sus estudios o las relaciones con sus amigos.

Distintos estilos para educar los hijos

Si miramos a la generación de los años 70, uno se da cuenta de que aquellos niños son hoy en día padres con muchas dificultades laborales y personales, con una alta tasa de divorcios y en muchas casos con una vida desordenada. Se vieron obligados a salir de su casa al trabajo algo que ha traído consigo nuevos retos, especialmente en lo que respecta a la educación de sus hijos, inmersos en los avances de las nuevas tecnologías y con un concepto de la autoridad totalmente distinto al de sus padres.

¿Cómo conseguir cambios positivos en la autoridad?

Es fundamental saber cómo las historias de nuestros padres ha influenciado nuestras vidas, reconocer los errores y poder resolverlos antes de traspasarlos “sin querer ” a nuestros hijos.

Hoy en día la educación de los hijos es diferente. Se ha cambiado la estrategia de autoridad, los padres se han vuelto más negociadores, más sutiles, más persuasivos y convincentes que antes. El objetivo es educar dando libertad a los hijos.

Errores a la hora de educar a nuestros hijos

Sin embargo, la autoridad es un servicio que los padres están obligados a dar a su hijo, desde el momento del nacimiento hasta que se ha formado como persona adulta, responsable e independiente.

Para ello, los padres deben hablar en positivo. Es muy habitual utilizar frases que comienzan por la palabra “no”; en lugar de decir “no corras” o “no grites” deben utilizarse formas del tipo “ve más despacio” o “habla más bajo”. Los niños entienden mejor ese tipo de mensajes y los resultados que obtienen los padres son mucho mejores.

Pero además, los padres cometemos muchos errores que al final desorientan a nuestros hijos, ponen en duda nuestra autoridad y se traducen en resultados contrarios a los que se pretendían obtener.

  • El chantaje. Chantajear a un niño para que obedezca con frases del tipo “si no haces esto no juegas con la consola” es motivarlo erróneamente. El chantaje incrementa en los niños el egoísmo ya que el motivo para obedecer es la ganancia personal. Los niños deben aprender a obedecer porque es lo correcto y no para obtener una recompensa.
  • Apelando a sus emociones. Los padres a menudo tratan de apelar a las emociones de los niños haciendo que se sientan culpables . “Después de todo lo que hago por ti, así es como me lo pagas “, se queja el padre o la madre con una cara triste. No deja de ser otro tipo de chantaje: el chantaje emocional.
  • Contar hasta tres. ¿Queremos que nuestros hijos a obedezcan a la primera, a la segunda o la tercera? Contar hasta tres despierta en nuestros hijos el hábito de la obediencia retardada. Obediencia retardada es desobediencia. Contar hasta tres les anima a posponer la obediencia hasta que sea absolutamente necesario. Queremos que nuestros hijos vean la obediencia como su mejor opción, no una elección que se deje para el último minuto .
  • Las amenazas. Qúe habitual es oir frases del tipo “si no haces esto, entonces estas serán las consecuencias. ” Si anunciamos el lobo demasiadas veces se logra perder la eficacia así como el respeto de nuestros hijos. Nuestros niños necesitan tener la confianza de que nuestra palabra es nuestra palabra.
  • Negociar con los hijos. Los padres deben evitar la negociación con sus hijos para lograr que obedezcan. El padre que trata de negociar con el niño por lo general termina frustrado; y el niño por lo general termina por no respetar su autoridad.

¿Qué hacer entonces para educar a los hijos y lograr que obedezcan?

Cuando ordenamos algo a nuestros hijos debe ser algo adecuado a su edad. Además los niños son más propensos a obedecer cuando los padres son capaces de explicarles por qué algo es importante. Por ejemplo, es más eficaz decirle a un hijo “estaba preocupado cuando te fuiste en bicicleta porque no podía verte y que te perdieras me pondría muy, muy triste”; que decir “¿por qué has montado en bicicleta cuando te había dicho que no lo hicieras?”. Mediante un mensaje más sutil podemos transmitir nuestros sentimientos y el niño tiene menos probabilidades de ponerse a la defensiva.

Escuchar de manera activa

La escucha activa mejora la comunicación y es muy eficaz con los niños más pequeños; simplemente tenemos que escuchar a nuestro hijo y luego repetir lo que les hemos oido decir. En lugar de regañar a nuestro hijo por insultar a un amigo podemos optar por decir: “así que estás enfadado por lo que Juan dijo de ti”. Esto abre la puerta a una conversación sobre por qué el niño ha recurrido a insultar, aclarar emociones y observar el comportamiento incorrecto.

Niños con mucho carácter

No todos los niños son iguales. Los niños con carácter fuerte o aquellos niños que tienen dificultades para obedecer incluso las órdenes más sencillas, deben aprender las consecuencias de sus actos. Si por ejemplo no quieren hacer los deberes, no es mala idea que vayan al colegio sin los deberes hechos; de esa forma aprenderán las consecuencias de no haber obedecido a sus padres.